Innovando ante la adversidad: docentes resilientes que se reinventan

Innovando ante la adversidad: docentes resilientes que se reinventan

Existe un consenso mundial en torno a que la vuelta a la escuela puede y debe ser mejor, tomando las oportunidades que la crisis actual del COVID19 nos abre. Con la suspensión de las clases presenciales, las formas en las cuales los docentes han innovado para que la educación siga adelante, fueron de las más creativas y resilientes. En este artículo, compartimos algunas de las #LeccionesAprendidas que ellas y ellos nos dejan para seguir #ConstruyendoFuturo.

“Volver mejor”

Existe un consenso mundial en torno a que la vuelta a la escuela puede y debe ser mejor, tomando las oportunidades que la crisis actual del COVID19 nos abre, para solucionar los problemas de fondo que se han mostrado con más fuerza en este periodo, y que expresan décadas de deudas sociales y educativas por abordar. El momento es ahora.

A casi 90 días del inicio de la cuarentena en el país, uno de los sectores con mayores desafíos en términos de innovación y creatividad para dar respuesta a la situación, ha sido el de la educación. Con la suspensión de las clases presenciales a comienzos de marzo, al inicio por unas semanas; y, posteriormente, hasta fin del año lectivo, las formas en las cuales maestras y maestros se ingeniaron para llegar a sus alumnos y familias, y que la educación siga adelante, fueron de las más diversas, innovadoras y creativas.

Desde el Observatorio Socioeducativo realizamos una encuesta a docentes de escuelas públicas de comunidades vulnerables, en los departamentos Central, Cordillera y Guairá donde la fundación acompaña procesos socioeducativos, para conocer más a fondo la situación, escuchar sus voces y alzar sus reflexiones, análisis y propuestas. Mucho tenemos para aprender de esta experiencia. En este artículo abordamos algunas de las #LeccionesAprendidas que nos dejan.

Docentes a nivel nacional

Para comprender el contexto de este desafío asumido, debemos mirar primeramente quiénes son nuestros docentes hoy. El país cuenta a la fecha, con 57.313 docentes de Educación Escolar Básica, de los cuales 46.760 se encuentran en el sector oficial. La primacía de la docencia por parte de mujeres es evidente, siendo estas 65,3% del total. El Departamento Central abarca una quinta parte del total de docentes del país, con una preponderancia de docentes mujeres, asimismo.

La mayor parte de los docentes se encuentra enseñando hace más de 15 años. Solamente 10.906 docentes tienen menos de 5 años de antigüedad, mientras que 11.029 docentes tienen entre 6 y 10 años de servicio. El número restante, que asciende a un total de 55.225 docentes -del sector público y privado- tienen más de 11 años de servicio: 22% posee entre 11 y 15 años, 18% entre 16 y 20 años, 12% entre 21 y 24 años de servicio y el resto posee 25 años y más de servicio (Elías et all, 2020).

Los desafíos de la educación en tiempos de pandemia

“¿Nuestra fortaleza? La entrega a la profesión, el ser capaz de renovar y esa apertura a recibir los cambios”, reflexiona una docente al preguntarle sobre la tarea docente en tiempos de pandemia. “Aprendo junto a mi hijo y nos divertimos con toda la familia”, nos dice otra. “Tengo buena actitud y ganas de actualizarme para dar mis clases en forma virtual, aunque nunca nos capacitaron para ello”, reflexiona otra docente.

Pese a todas las adversidades, la falta de equipamientos, infraestructura y líneas claras de trabajo y orientación, los docentes de las comunidades han encontrado la forma de seguir avanzando en la educación y de llegar a sus alumnos. La tarea no es fácil, y 80,9% manifiesta que insume mucho más tiempo que la docencia presencial. 35,3% no posee acceso a una computadora, y 13,2% no tiene acceso a internet. El porcentaje restante se divide entre una computadora propia, de la familia o de colegas, así como internet en casa, en la escuela o en lo de un amigo.

Comunidades de aprendizaje y solidaridad

Se han formado grupos de docentes que trabajan desde la computadora de un colega, utilizando la conexión a internet de otro, generando sinergia y fomentando una comunidad de aprendizaje para enfrentar los desafíos y las carencias en términos infraestructurales. El aprendizaje del uso de las herramientas virtuales de educación a distancia, y la incorporación de las TIC -Tecnologías de la Información y la Comunicación- y las TEA -Tecnologías de la Enseñanza y Aprendizaje- son sin duda, los principales aprendizajes resaltados por maestras y maestros.

Aquel que tiene mayor manejo de las herramientas virtuales a utilizar, enseña al otro, y se comparten y fomentan los conocimientos y las habilidades. En comunidad, los docentes se desafían y crecen, dando respuesta a las niñas y niños y sus necesidades.

Fomentando el constructivismo y la inclusión

El seguimiento a los niños es constante: 89,7% de los docentes, lo hace de manera diaria, enviando las tareas, y algunos visitan a aquellas niñas y niños que no se encuentran participando virtualmente por diversos motivos. El principal medio de contacto es el WhatsApp, a través del cual 99,3% de los docentes trabajan con sus alumnos, complementando con materiales impresos llevados a las casas cuando las condiciones económicas lo permiten. Con las limitaciones de la conectividad y el seguimiento, los docentes resaltan la implementación del constructivismo en el aprendizaje: “A mí me gusta este sistema de trabajo porque se hace mediante tanteo y error. Da oportunidad al niño para que dé su parecer, y en base a eso se le orienta, si hace falta”, reflexiona un docente.

Asimismo, sostienen que la incorporación de las clases a distancia abre la posibilidad de llegar a aquellas niñas y niños que por diversos motivos han abandonado la escuela o no pueden asistir de forma presencial, y sostienen que es posible incorporar en el periodo postpandemia una modalidad mixta que amplíe el acceso a la educación a partir de la virtualidad. Para ello, recomiendan mejorar la conectividad y el equipamiento de los estudiantes, proponiendo la dotación de computadoras a alumnos, y garantizando los datos móviles (crédito/saldo) para los trabajos educativos.

Conectividad y equipamiento: una deuda pendiente

La gran mayoría de alumnos tiene acceso a internet, pero en el 97,1% de los casos es a través de un teléfono celular, que en 89,6% de los casos es del padre o la madre, haciendo que cuando este sale de la casa a trabajar, el niño no cuente con su herramienta de aprendizaje. “La debilidad con que nos encontramos es que los padres salen a trabajar y luego de volver del trabajo pueden realizar las tareas y se les acumula. La mayoría de los alumnos no cuenta con móvil propio”, reflexiona un docente.

“Muchos no pueden trabajar con sus hijos por la falta de conocimientos de técnicas pedagógicas”, agrega otro docente; a lo que se suma la dificultad del acceso a la plataforma oficial de educación a través del teléfono celular y la falta muchas veces de crédito sistemático para datos móviles en las familias (saldo para internet).

Trabajo conjunto docentes-estudiantes-familias: la clave

Tanto docentes, como alumnos y familias no se rinden ante las adversidades, y trabajan unidos para seguir adelante. “Nadie quiere perder el año”, sostienen. Esta crisis ha llevado a que hoy las familias se encuentren mucho más involucradas en la educación de sus hijas e hijos. “El acompañamiento de la familia es una fortaleza y oportunidad. Antes no asistían a las reuniones de sus hijos y ahora ellos son los encargados de ver el trabajo de sus hijos y buscar el acompañamiento del docente en caso de no entender la tarea asignada”, resaltan algunos docentes, mientras plantean que esta unidad y solidaridad entre maestros, estudiantes y familias siga fortaleciéndose como pilar de la educación en el periodo postpandemia.

Los docentes manifiestan que la mayoría de los alumnos cuentan con acompañamiento familiar para las tareas, en un 61,8% de la madre, y en un 33,8% de la madre y el padre. En algunos casos, ello ha fortalecido lazos con un mayor tiempo en familia a partir del acompañamiento de los padres a los hijos. Sin embargo, en tanto la mayoría de los padres y las madres deben a su vez trabajar -sea fuera de la casa o en tareas domésticas-, los horarios de estudio no son fijos, se rompe la rutina del niño y la niña, e implica una importante sobrecarga para las familias. En algunos casos -que requieren de una pronta respuesta-, esta situación ha profundizado situaciones de maltrato infantil y violencia intrafamiliar.

El valor del trabajo docente

La sobrecarga es también para el docente. “No hay horario de trabajo establecido. Trabajamos sin descansar, enviando y controlando tareas a la vez durante los 7 días de la semana. Es estresante y dejamos de lado a nuestras familias”, nos comenta una maestra.

Pese a ello, los docentes siguen innovado en la práctica, dando lo mejor de sí y garantizando de diversas formas que las niñas y niños sigan aprendiendo. El contacto sistemático a través de las redes sociales, la construcción de comunidades de aprendizaje, la innovación con el uso de nuevas tecnologías, el acompañamiento a los niños y sus familias, los desafíos del equipamiento y la conectividad, las oportunidades de la cualificación de la educación y la inclusión, son algunas de las lecciones que nos dejan.

El camino, que seguirá aún lleno de obstáculos a vencer de forma creativa, sigue pese a todo, avanzando sin parar. “Espero que esta pandemia ayude a que ahora se le dé el valor que se merece el trabajo docente”, concluye en su reflexión una maestra.

Lecciones aprendidas

– El trabajo unido y solidario entre los docentes, estudiantes y familias, fortalece el aprendizaje y la educación.

– Con las condiciones adecuadas, la incorporación de las TIC y TEA cualifica el aprendizaje y el seguimiento personalizado.

– Un formato mixto de educación presencial y a distancia podría ampliar el acceso a la educación, cualificarla y fomentar la autogestión de las niñas y niños.

– El acompañamiento familiar es fundamental para el proceso educativo.

– La dotación de infraestructura para docentes y alumnos (computadoras) y la conectividad en las escuelas y comunidades es clave para garantizar la educación.

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