Comunidades que nos enseñan durante la peor crisis social

Comunidades que nos enseñan durante la peor crisis social

La crisis socio-sanitaria generada por el COVID-19 ha despertado una movilización comunitaria y un esfuerzo popular sumamente perceptible, gestado con mucha fuerza desde las comunidades más vulnerables, para responder a necesidades específicas producto de ausencias históricas. Nuevas capacidades solidarias entran en escena y permiten a comunidades enteras cubrir dichas necesidades y seguir adelante. En este sentido, además de la solidaridad, se debe resaltar un punto fundamental: la comunidad como principal garante de derechos de sus miembros. Mientras el estado ajusta y gestiona las medidas de asistencia a la ciudadanía, en las comunidades, las personas se sostienen entre sí, garantizando a sus miembros los derechos más básicos, como por ejemplo, la alimentación.

La Trabajadora Social Dolly Vázquez, de Fundación Alda, nos responde preguntas a partir sus años de experiencia en Educación Popular y su trabajo en comunidades vulnerables y asentamientos urbanos.

¿Cómo podría definirse el particular sentido de solidaridad generado entre ciudadanos en el Paraguay del COVID 19?

DV: Una característica muy preponderante desarrollada en comunidades, principalmente en los territorios sociales urbanos -conocidos popularmente como asentamientos urbanos, donde grandes grupos de personas tienen posición de permanencia en un determinado espacio territorial cercano a algún centro urbano-, es la solidaridad de clase como causa común, por ejemplo desde la ocupación hasta la regularización de las tierras, donde –por ejemplo- las famosas polladas se instituyen como práctica solidaria para paliar y cubrir ciertas necesidades. Analizando desde esta mirada, las ollas populares van en la misma línea. Ante esta realidad que tiene innumerables aristas, nos detenemos a reconocer la gran labor que están realizando en las comunidades, desde los mismos actores comunitarios, la olla popular, la asistencia a los más necesitados con la entrega de víveres, medicamentos, elementos de higiene, etc. Todas tienen un gran sentido de solidaridad y también un enorme poder de Resiliencia Comunitaria.

¿Qué elementos contribuyen o fortalecen la Resiliencia Comunitaria?

DV: Los desafíos constantemente llevan a construcciones colectivas donde se desarrolla el poder de la Resiliencia Comunitaria, entendida esta, como la capacidad social de un grupo de personas para hacer frente a las adversidades que le afectan al mismo tiempo y de manera semejante, para reorganizarse, de modo a sostenerse y mejorar su situación de manera conjunta.

Algunos aspectos que contribuyen a la Resiliencia Comunitaria son el apoyo mutuo de quienes están en la misma situación de adversidad; el saber reconocer y afrontar problemas buscando soluciones en conjunto y, sin dudas, la confianza propia y en los demás miembros de la comunidad.

Juan Duarte es también Trabajador Social de Fundación Alda, con más de 11 años de experiencia en territorios sociales y bañados. Él nos explica cómo se desarrollan estas capacidades en los entornos más vulnerables de las sociedades.

¿Cómo trabaja la Fundación Alda en el empoderamiento comunitario?

JD: Fundación Alda se propone el fortalecimiento de las comunidades, lograr que se reconozcan a sí mismos como comunidad, en primer lugar, para luego empezara identificar aquellas necesidades fundamentales y trabajar sobre las mismas, en pos del bienestar de sus miembros.

En este sentido, la fundación promueve y articula espacios de formación y capacitación de los referentes comunitarios y la población en general, con talleres creados a partir de las necesidades particulares de cada territorio, en un proceso de empoderamiento natural y orgánico, sin imposiciones; logrando ese sentido de pertenencia hacia su comunidad y con esto, sentimientos de solidaridad y de justicia social.

¿Cómo reciben las comunidades las iniciativas de trabajo?

JD: Al llegar a la comunidad, lo primero que escuchamos de parte de los referentes comunitarios es “¿qué nos van a dar ustedes?”, pensando en bienes materiales, sean víveres, provistas, dinero u otras cosas.

En ese momento, hablar sobre empoderamiento comunitario supone un horizonte lejano, casi una utopía. Sin embargo, remar contra corriente para lograr este proceso de empoderamiento, ha sido siempre la fortaleza de Fundación Alda, en el sentido de que, a partir de los procesos de formación y acompañamiento brindados, poco a poco se genera una consciencia social en los referentes comunitarios, que muy pronto se valora mucho más que cualquier aporte económico.

Ya mucho se ha hablado del impacto que esta pandemia tendrá en las sociedades; en lo drásticamente que deberá adaptarse el ser humano a condiciones de vida que tal vez nunca imaginó. Así también, nuevas formas de convivencia, mayor conciencia social y sentimientos de solidaridad renovados, pueden llegar a figurar entre los más grandes legados que esta situación que sacude al mundo entero nos dejará al final de esta historia: personas que desde comunidades invisibilizadas y postergadas, nos dan lecciones de fortaleza, solidaridad y humanidad. “El Covid- 19 nos exige distanciamiento social físico, pero nos une con lazos de compromiso, solidaridad y humanidad”

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