Cómo acompañar a jóvenes y adolescentes a vencer el miedo que genera la emergencia sanitaria

Cómo acompañar a jóvenes y adolescentes a vencer el miedo que genera la emergencia sanitaria

La generación Z, los adolescentes y jóvenes de este tiempo tienen, al igual que lo han tenido todas aquellas personas que pasaron por esa etapa; su propia manera de decodificar la realidad. Los últimos acontecimientos que golpearon brutalmente a los sistemas de salud de todo el mundo y tras ellos a sus sociedades; generan gran incertidumbre en el entorno adulto, al cual los adolescentes y jóvenes se asoman haciendo sus propias conjeturas, reorientando sus intereses y, muchas veces, sintiendo frustrados sus sueños.

Teniendo en cuenta los últimos acontecimientos y noticias provenientes de todo el mundo y las medidas de salubridad adoptadas por nuestro gobierno; debemos desde nuestra mirada adulta, encaminarlos hacia una perspectiva realista. Nos corresponde orientar a los más jóvenes a aprender a vivir con todo el cuidado necesario, venciendo el miedo que nos generan las noticias, las cifras de alarma, las plataformas informativas y la información falsa que circula masivamente.

La psicóloga y psicoterapeuta Verena Bardella, coordinadora del proyecto Joven Adelante de Fundación Alda, responde 4 preguntas que todo adulto referente de un joven desearía que le ayudaran a responder para acompañarles en una etapa sensible de sus vidas.

1- ¿Cuáles son las mayores angustias de los adolescentes y jóvenes ante la presencia de la pandemia que ha paralizado el mundo?

Antes que nada, debemos recordar algunas características que hacen a esta etapa de la vida. La adolescencia misma trae consigo mucha incertidumbre, por los grandes cambios que afronta; el cambio físico, el psicológico y el social. En este sentido, la aparición de una situación de tanta zozobra como lo es una pandemia -en este caso, la del COVID 19-, puede sumar aún más ansiedad a este estado de inseguridad. Entonces en primer lugar es la incertidumbre.

En segundo lugar está el no poder compartir con amigos, en una etapa en que son fundamentales “mi grupo”, “mis amigos”, “mis socios”; esa es la comunidad del joven y es ahí donde va creando el sentido de pertenencia. Al no poder estar con el grupo, se genera un malestar por la ruptura del vínculo. Y si bien las redes sociales logran paliar la ausencia en alguna medida, no encontrarse es un componente fuerte. Así que, en segundo lugar está la imposibilidad de compartir con pares.

En tercer lugar, el tener que quedarse en casa obligatoriamente, en esta etapa en que comúnmente se los reconoce por la rebeldía, el solo hecho de acatar una orden o norma, genera resistencia. Por lo tanto, el tercer punto es el aislamiento obligado.

Es importante notar que a inicios de la adolescencia se dan más bien conductas y reacciones indiferentes a todo lo que sea externo a su persona, “esto no es mi problema”, “a mí no me va a pasar”; y todo tiene un porqué. Esta actitud puede ser explicada desde las neurociencias, pues la corteza prefrontal o córtex prefrontal del cerebro, que es la región encargada de la “función ejecutiva”, aún va desarrollándose; lo que en términos más sencillos, equivale a saber distinguir entre el bien y el mal, tomar decisiones y presentar un comportamiento social adecuado. Esto en el mundo adulto es visto como falta de empatía adolescente. Es así que esta indiferencia hacia lo externo puede ser inconcebible en otra etapa, pero es totalmente normal durante la adolescencia.

2- ¿Cómo podemos acercarnos a ellos en una edad en que los adultos somos la última referencia por la que optarían?

Primero, debemos diferenciar y saber quién es el adulto, nosotros debemos ser referencia para ellos aunque no pidan abiertamente un consejo o manifiesten alguna necesidad. Debemos estar siempre atentos y disponibles.

Segundo, ser empáticos. El adulto ya ha pasado por esta etapa y sabe muy bien lo que conlleva. Debemos recordarlo, pues ayudará a comprenderlos en vez de juzgarlos.

Tercero, buscar comunicarnos y compartir desde el respeto a su perspectiva, pedir su opinión no sólo imponer la propia.

3- ¿Qué podemos hacer ante señales de alarma para evitar cualquier tipo de crisis de ansiedad o depresión?

La desesperación comúnmente se expresa de un modo visible. En ese momento, lo indicado es tratar de mantener la calma, recordar que el adulto es modelo o referente a seguir por el adolescente o joven. Si nosotros no podemos autorregularnos, menos aún podrá hacerlo el joven.

Utilizar la rutina de actividades acordada en el hogar como forma de involucramiento, nos dará pistas visibles de estados de ánimo por los que atraviesa el joven, en una etapa caracterizada por la polaridad de las emociones y los dilemas existenciales.

Un punto muy importante es el acceso del adolescente/joven a los medios masivos de comunicación y redes sociales, donde sobreabunda información falsa, peor aún en situación de pandemia. Es ahí donde el adulto debe poder decodificar la información y orientarle hacia la adecuada interpretación de los mensajes, de modo a manejar la presión mediática e irresponsable, las fake news, el cúmulo de información negativa y el clima de catástrofe.

4- ¿Qué valores debemos rescatar en este proceso global? Cómo podemos hacérselos ver?

Será fundamental trabajar en desarrollar la propia empatía, tener una visión holística de la realidad, valorar la familia, los amigos, los seres queridos y la salud. Podemos mostrarles modelos y acciones positivas que se van generando, la conciencia ciudadana, las nuevas ideas en busca de soluciones, las reflexiones positivas.

Los más jóvenes son sensibles porque es la etapa en que construyen y definen su propia posición ante la vida. Para ellos, esta dura prueba para la humanidad, puede convertirse en una oportunidad concebir una nueva mirada hacia los problemas y sobre todo, hacia la manera de encontrar soluciones, unidos como seres humanos. Esta experiencia única y dolorosa, abre a la vez una puerta a conceptos innovadores y pone estas nuevas herramientas en manos de ellos, los que muy pronto deberán tomar las riendas de un mundo –ojalá- más sensible y más humanizado.

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